"El epitafio deja la constancia de que el difunto no vivió en vano... no es la tumba, sino el epitafio lo que deja a las almas descansar en paz..."
"Aquí duerme la luz de mis afectos",
"El fin de la aventura, el inicio de la vida",
"Alcáncenme, si pueden"...
y la más excepcional de Isaías Balboa: "El tiempo te lo dan, la vida hay que robársela"
Yo he estado enamorada de Xavier Velasco desde que lo descubrí hace unos años. Intenté compartirlo con las perras sugiriendo el Diablo Guardían, pero no sentí que realmente les llegara, por eso ahora que me encuentro este interés de leer "Puedo explicarlo todo" me siento encantada y me atrevo a abrirle su espacio en nuestro blog.
Para mí Xavier forma parte de una generación de artistas mexicanos, un poco más nueva que la nuestra (por lo de generación, no por lo de artistas). Lo suficiente como para ofrecernos el eslabón perdido entre nuestra cultura y la de nuestros hijos. Algo así como Cuarón, González Iñarritu o Del Toro, los 3 grandes del cine mexicano contemporáneo. Un tipo inteligente, con experiencia del mundo, con alma de mexicano pero igual cosmopolita, que domina a los clásicos de la literatura tanto como a los videojuegos y es además fanático del tenis y del rock. Y encima domina el lenguaje y lo hace como quiere el desgraciado.
Yo acostumbro leerlo todos los lunes en la sección de cultura de Milenio Diario porque disfruto muchísimo su ingenioso estilo de abordar todos los temas que nos ocupan a los mexicanos del mundo global (si es que eso existe) interesante, divertido, sorprendente. Si pueden amigas, lléguenle.
Les comparto este video donde él mismo presenta "Este que ves", un libro autobiográfico con sus historias de niño. Este es su estilo.
Como todo en la vida, esta historia nace de una mujer. No en realidad una, sino varias, en distintos momentos. De la niña de ocho años (y luego nueve, y diez) que me iba revelando secretos que a mi vez atesoraba en el nombre de una novela etérea que había comenzado a escribir tres, cuatro veces, sin una sola de ellas rebasar la página sesenta, a la musa perdida que una tarde volvió de los emborronados dominios del recuerdo a una mesa del Starbucks de Olivar de los Padres donde sonrió otra vez, como cuando tenía dieciséis años y yo con mis dieciocho me alimentaba sólo de sus sonrisas; de la ninfa sureña que perseguí mediante parrafadas palpitantes a la hechicera serbia que me alcanzó el espíritu en secreto; de la que daba cuerpo a los sueños guajiros a la que puso alas en mis pesadillas. Nada me gustaría más que hablar de ellas y ya no de otra cosa, pero se hacen novelas justamente para evitar tamañas imprudencias. Insiste uno en creer que recuerda las cosas con precisión quirúrgica y así da validez a los peores embustes del olvido, y sin embargo, ¿no es a tales enmiendas chapuceras que la literatura debe su existencia?
Reflexiones del propio Xavier Velasco en torno a la gestación de su nueva novela Puedo explicarlo todo. Si quieren seguir leyendo, busquen en la columna de la derecha es el tercer link de "Nuestra lista de blogs"