
Martes, 24 de Enero de 2012 16:29

De Martín Bonfil Olivera en Milenio Diario. 2011-03-02•Tendencias
Había una vez una especie animal que logró desarrollar una extraña habilidad: el lenguaje. A través de él pudo compartir información sobre su medio y sus pensamientos.
Se detonó así el desarrollo de la cultura: al compartir experiencias y transformarlas en conocimiento, nuestra especie trascendió las limitaciones de la biología y descubrió un nuevo nivel de evolución: el cultural. Pero este desarrollo requirió un nuevo invento: la escritura. Ello implicó la aparición de una serie de tecnologías de escritura y de elaboradas técnicas para descifrar lo escrito: la lectura.
Leer es un proceso tan complejo que desarrollarlo costó siglos. Se requieren años de escuela para convertirse en lector elemental; pero ser verdaderos lectores, capaces de leer de corrido libros completos, libros profundos, es algo que sólo logra un porcentaje muy pequeño de la población.
Hoy damos un nuevo paso: construimos computadoras, las conectamos a la web y creamos las redes sociales —Facebook, Twitter— que han cambiado por completo nuestros hábitos socioculturales y de lectura.
En su fascinante libro z (Taurus, 2011), el escritor y analista Nicholas Carr propone una tesis preocupante: la plasticidad de nuestro cerebro, junto con las características de internet (inmediatez, brevedad, superficialidad, abundancia) están haciendo que ese logro de siglos de evolución cultural, la lectura profunda, se pierda. A cambio de la habilidad de prestar atención a decenas de cosas simultáneamente, es posible que estemos sacrificando la capacidad de concentrarnos largamente en una sola.
En lo personal, mi uso de las redes sociales ha resultado útil e interesante, pero muy adictivo. Mi productividad ha bajado, pero la información y contactos a mi alcance crecieron exponencialmente. Aún no sé si gano más de lo que pierdo….
Ya veremos si en cinco o 10 años las seguiremos usando. Y veremos también si los temores de Carr se cumplieron. Entre tanto, mientras twitea a todo vapor y siente que el tiempo cada vez le rinde menos, pregúntese: ¿cuándo fue la última vez que leyó un libro completo?
Esta entrada INAUGURA oficialmente el capítulo "Perras CuentaCuentos", viaje que iniciaremos a bordo del Nautilus y de la mano del Capitán Nemo-onso el sábado que ustedes elijan entre el 5 y el 12 de marzo. Las necesitamos toda la mañana de 9 a 1pm completamente clavadas en la capacitación CuentaCuentos que tan amable y desinteresadamente nos regalan los Noriega. Por favor confirmen prontísimo YA si pueden uno o el otro o los dos, para decidirlo cuanto antes. A Lili le urge, pero sobre todo a los niños!!!El cuento comienza como una leyenda: “Hacía mucho tiempo que los animales deseaban averiguar a qué sabía la luna”. Y a partir de aquí, convencidos de que vamos a presenciar lo que hacen para remediar tal curiosidad, pasan ante nosotros diversos animales, a los que de otro modo no veríamos juntos, puestos uno encima del otro: primero una tortuga, recordando lo que algunos mitos antiguos describían, que la tierra estaba sujeta por dicho animal; más tarde un elefante, luego una jirafa, a la que de nada le vale su largo cuello, una cebra, un león (quizás, concentrado como está en su tarea, no de se da cuenta de que se encuentra sobre un montón de comida), pero ninguno de ellos llega a alcanzar la luna, que por su parte, se burla de los animales alejándose un poco cada vez.
Cuando creían que nunca llegarían a probar el sabor de la luna, el ratón se subió por encima de todos los animales y logró arrebatar un pedazo del astro, que fueron saboreando uno tras otro los pilares de esa gigantesca columna. El final, la moraleja si se quiere, supone un bonito broche para esta fábula poética. No lo vamos a desvelar aquí, así que tendréis que ver por vosotros mismos qué ocurre después.
Las ilustraciones, elaboradas sobre papel-couché, son limpias y sencillas, con muchos espacios vacíos y un permamente fondo negro con una luna burlona, con cara de pan, que contempla entretenida a unos seres que, empecinados, le arrebatarán un pedazo de esa sonrisa.
Extracto de un hermoso cuento infantil (para que se vayan ambientando) tomado de la Revista Babar de literatura infantil y juvenil, recomendada por mis amigos de Biblioteca del Itata.