Joaquín siempre tuvo debilidad por Dylan y por una canción de Dylan llamada "To Ramona". Y yo siempre tuve verdadera obsesión porque Joaquín compusiera algo del estilo de "To Ramona" pero en plan sabinero. Era una meta que me puse el día que Joaquín me contó su adoración por Ramona.
Fue una auténtica fiesta la creación de Peces de Ciudad. Y fue un auténtico regalo para mí haber estado presente y haber puesto mi granito de arena...alguna palabra la sugerí yo y alguna se quedó.
Creo que es una de las grandes canciones del repertorio de Joaquín y de la música española. Los que somos habituales a la hora de trabajar con Joaquín (gente como Olga, Antonio, yo mismo) no dejamos de emocionarnos cada vez que la cantamos en directo. Y siempre pedimos que esté en los repertorios de todas las giras desde que se compuso. Es la que nunca falla, la que siempre está o la que siempre queremos que esté.
Incluso el mismo Joaquín tuvo que parar la grabación de la voz de esa canción por un inesperado ataque de emoción, momento que, por cierto, tengo registrado en vídeo.
Os pido cinco minutos para que volváis a escucharla y volváis a paladearla. Cada palabra es de una belleza insultante. Cada verso es una obra de arte. "En la fatua Nueva York..."
A ver. Hay una serie de metáforas que me indican que no solo se trata de una cancion de amor, o de desamor, cuestiones que en sabina clásicamente van de la mano... sino que es una cancion un poco mas política.
Por ejemplo, la alusión a las sirenas en "desolation row", la calle donde se produjo una de las mayores masacres en la historia de EEUU... o la alusion ultra-realista a las minas del rey salomon, que nos dice que lo que está en juego siempre, al parecer, es el dinero (en la utopía, lo que vale es la ley del tesoro... en una versión en vivo Sabina cambia la letra y dice "no hay más ley que la fiebre del oro...", y ya sabemos qué son las minas del Rey Salomón).
Desde allí creo que se puede entender el coro... un viejo utópico y romántico que mira el presente, y que está absolutamente desilusionado del curso de la historia, al punto que sólo puede verla "luciendo los tatuajes de un pasado bucanero"...
y la parte más terrible, creo yo, es cuando sentencia que "el Dorado era un Champú"... el Dorado, el pueblo perdido en la selva latinoamericana, no era más que otra marca de algun producto que nos vendieron; existía sólo en las fantasías creadas por otros.
mentiras que ganan juicios
tan sumarios que envilecen
el cristal de los acuarios
de los peces de ciudad,
que mordieron el anzuelo,
que bucean a ras del suelo,
que no merecen nadar.
al final, los peces de ciudad somos todos los que no sabemos por qué pero "desafinando" (en el coro de Babel desafina el mismo Sabina) tratamos de nadar, sabiendo que no hay agua ni mar... no tampoco nos la merecemos. Los peces de ciudad no son los que nunca han salido de la ciudad, sino los que creen que en ella están en su hábitat (la ciudad tampoco es la ciudad, sino es el "gancho" que de ella se hace, la desolación de sus calles, el peso que ponen sus sirenas sobre los hombros de las aves... etc). Los peces de ciudad son los que mordieron el anzuelo, los que perdieron las agallas y deben creer que bucean, que nadan, que están en una playa, cuando no es así.
Creo que es una de las canciones más políticas de sabina, y que se mezcla con la depresión de la que debe haber salido después de su coma.
Grande, Flaco!
Si se quiere abordar la fenomenología, hay que ser consciente del hecho de que se resume a una doble interrogación: ¿de qué naturaleza es la conciencia humana? ¿Qué conocemos del mundo?
Empecemos por la primera.
Hace milenios que, desde el «conócete a ti mismo» hasta el «pienso luego existo», no se deja de glosar esta irrisoria prerrogativa del hombre que constituye la conciencia que éste tiene de su propia existencia y, sobre todo, la capacidad que tiene esta conciencia de tomarse a sí misma como objeto.
Cuando algo le pica, el hombre se rasca y tiene conciencia de estar rascándose. Si se le pregunta: ¿qué haces? Responde: me rasco. Si se lleva más lejos la investigación (¿eres consciente del hecho de que eres consciente de que te rascas?), responde otra vez que sí, y así con todos los «eres consciente» que se puedan añadir. ¿Alivia en algo su sensación de picor el saber que se rasca y que es consciente de ello? ¿Influye acaso de manera beneficiosa la conciencia reflexiva en la intensidad del picor? Quia. Saber que a uno le pica y ser consciente del hecho de que se es consciente de saberlo no cambia estrictamente nada el hecho de que a uno le pique. Y desventaja añadida, hay que soportar la lucidez que resulta de esta triste condición, y apuesto diez libras de ciruelas Claudias a que ello acrecienta una molestia que, en el caso de mi gato, un simple movimiento de la pata anterior basta para aliviar. Pero resulta para los hombres tan extraordinario, porque ningún otro animal lo puede y porque así escapamos a la bestialidad, que un ser pueda saberse sabiendo que se está rascando, que esta prelación de la conciencia humana parece para muchos la manifestación de algo divino, algo que en nosotros escapa al frío determinismo al que están sometidas todas las cosas físicas.
SABIDURÍA PURA Y DURA DE LA ELEGANCIA DEL ERIZO - 5. TRISTE CONDICIÓN.

- Aprendí a leer sin que nadie se enterara. Los demás niños seguían balbuciendo las letras cuando yo hacía tiempo que conocía ya la solidaridad que teje entre sí los signos escritos, sus combinaciones infinitas y los sonidos maravillosos que me habían marcado en ese mismo lugar, el primer día, cuando la maestra pronunciara mi nombre. Nadie lo supo. Leí como una posesa, a escondidas primero, luego, cuando me pareció haber superado el tiempo de aprendizaje normal, a la vista de todos pero cuidándome mucho de disimular el placer y el interés que la lectura me suscitaba.
- La niña frágil se había convertido en un alma hambrienta. (¿en un alma perra, digo yo? acuérdense que las mujeres que leen son peligrosas. CG)
- A los doce años dejé el colegio para trabajar en casa y en el campo con mis padres y mis hermanos. A los diecisiete me casé.
Tomado de las primeras páginas de La Elegancia del Erizo, que ya empecé a leer porque Mercedes habla maravillas de él y ya me dieron ganas. Lo estoy disfrutando.

